Varios estados de EE. UU. llevan a los mercados de predicción a los tribunales por temor a que sean apuestas

La expansión de los mercados de predicción en Estados Unidos está topando con una resistencia regulatoria cada vez más dura. En los últimos años, plataformas como Polymarket y Kalshi se popularizaron con contratos ligados a resultados de deportes, elecciones, variables macro, criptoactivos y eventos sociales, presentando la "negociación de futuros resultados" como una nueva capa de información y de mercado. Con el crecimiento de usuarios y de categorías, varios estados han empezado a enmarcar esa actividad de otra manera: no como innovación financiera, sino como juego online sin licencia. De Arizona, Connecticut e Illinois a Nueva York, Massachusetts, Michigan, Washington, Nevada y otros, el sector afronta demandas, medidas cautelares, órdenes de cese y desistimiento e investigaciones. El conflicto ha subido un escalón con la intervención directa de la CFTC (Commodity Futures Trading Commission), que ha demandado a varios estados para defender que los "event contract markets" son de su competencia exclusiva. El debate ya no gira solo sobre el cumplimiento de una plataforma, sino sobre el choque entre regulación federal y supervisión estatal del juego. Estados contra plataformas: un mismo núcleo de preocupación En la práctica, las acciones estatales se reparten entre distintas compañías: algunas apuntan a Kalshi, otras a Polymarket, y en otras aparecen también Crypto.com, Robinhood, Coinbase y Gemini. El hilo conductor es común: los reguladores sostienen que, bajo la etiqueta de "contratos de eventos", se estaría eludiendo el marco estatal de apuestas, protección al consumidor y juego responsable. Arizona, Connecticut e Illinois fueron los primeros tres estados en provocar un choque judicial a nivel federal. Antes, ya habían actuado contra Kalshi, Polymarket, Crypto.com y Robinhood al considerar que determinados contratos podían vulnerar sus leyes de juego. Arizona llegó a presentar cargos penales contra Kalshi, acusándola de facilitar juego ilegal y de infringir las restricciones estatales sobre apuestas electorales. La CFTC respondió demandando a esos tres estados, alegando que las leyes estatales no pueden interferir en mercados de derivados regulados a nivel nacional. Nueva York ha elevado aún más la tensión. La fiscal general, Letitia James, ha demandado a Coinbase Financial Markets y a Gemini Titan, al entender que su operativa de mercados de predicción equivale a juego sin licencia. El Estado sostiene que, sin autorización de la New York State Gaming Commission, permiten operar sobre resultados de deportes y elecciones y, además, admiten usuarios de 18 a 20 años, cuando el mínimo para apuestas deportivas móviles en Nueva York es 21. Para los estados, el problema no es la "predicción", sino el disfraz. Argumentan que se está empaquetando la apuesta como transacción financiera para sortear licencias, límites de edad, reglas fiscales y salvaguardas de consumo. A su juicio, la frontera entre muchos contratos de eventos y el juego tradicional es difusa: apostar por el ganador, el hándicap, el resultado electoral o la ocurrencia de un evento político o de entretenimiento implica, en esencia, arriesgar dinero sobre un desenlace externo. Aunque las plataformas hablen de "contratos", "mercados" y "operaciones", los reguladores describen una dinámica típica de apuesta: ganar si se acierta y perder el capital si se falla. El frente más sensible: deportes Los eventos deportivos concentran buena parte del choque regulatorio. Massachusetts demandó a Kalshi al considerar que ofrecía apuestas deportivas sin autorización. Recientemente, 38 fiscales generales estatales se sumaron con un escrito amicus apoyando la demanda de Massachusetts y rechazando el argumento de Kalshi de que las predicciones deportivas se presentan como instrumentos financieros. Michigan, Washington y Wisconsin aplican una lógica similar: la cuestión no es la eficiencia informativa, sino si se están ofreciendo apuestas a residentes sin las licencias exigidas. La presión ya no se limita a actores nativos como Polymarket o Kalshi. Con la entrada de plataformas más generalistas como Coinbase, Gemini, Robinhood y Crypto.com, el debate se transforma en un reto de cumplimiento para todo el ecosistema de acceso: exchanges, brokers y plataformas cripto. Los mercados de predicción dejan de ser un nicho y pasan a ser una nueva variable regulatoria. La defensa de las plataformas: "No somos un casino" Ante las demandas estatales, Kalshi, Polymarket y otras han respondido con un argumento central: no operan casinos, sino mercados de contratos de eventos bajo supervisión de la CFTC. La clave está en la clasificación regulatoria. Si los contratos de eventos son derivados financieros, la supervisión debería ser federal y uniforme, y los estados no podrían restringirlos caso por caso aplicando leyes de juego. Si se consideran productos de apuestas, las compañías se enfrentarían a un mosaico de licencias estatales, edades mínimas, fiscalidad y reglas de acceso. Para estas plataformas, esa distinción define su modelo. Su valor comercial depende de escalar a nivel nacional mediante mecanismos propios de mercado financiero. Si tuvieran que solicitar licencias de juego estado por estado y cumplir normativas locales de apuestas deportivas, la expansión se ralentizaría y muchos productos dejarían de ser viables. También defienden que no se trata solo de entretenimiento: aseguran que contribuyen al descubrimiento de precios en el mundo real. Elecciones, tipos de interés, inflación, deporte, políticas públicas, conflictos geopolíticos y eventos cripto son inciertos; incentivar a participantes a poner capital real permitiría formar probabilidades negociables y observables. La CFTC entra en escena y el pulso se federaliza El punto de inflexión llegó cuando la CFTC demandó a gobiernos estatales. La agencia ha denunciado a Arizona, Connecticut e Illinois para impedir que regulen estos mercados bajo leyes de juego. Su tesis: los contratos de eventos pertenecen a mercados federales y los estados no pueden erosionar el marco nacional de derivados con actuaciones locales. Más recientemente, también ha demandado al Estado de Nueva York, alegando que las medidas de ejecución de Nueva York invaden su autoridad exclusiva. Con ello, el conflicto cambia de naturaleza: deja de parecer una disputa entre estados y empresas para convertirse en un choque entre estados y regulador federal. Unos reivindican proteger a sus residentes del juego ilegal; otros sostienen que los estados interfieren en la regulación de mercados financieros. Los mercados de predicción actúan como detonante de un debate más amplio sobre los límites competenciales dentro del sistema regulatorio estadounidense. El caso de Nueva York ilustra la dinámica. Tras la demanda de la fiscal general contra Coinbase y Gemini, la CFTC se movió con rapidez contra el Estado. Las autoridades neoyorquinas sostienen que "una actividad de juego con otro nombre sigue siendo juego"; el regulador federal replica que un estado no puede reclasificar como apuestas locales un mercado de derivados regulado federalmente. Victorias parciales, riesgos crecientes Aunque la presión estatal ha sido intensa, el sector ha logrado avances. El caso de Nueva Jersey marca un giro relevante: el Tribunal de Apelaciones del Tercer Circuito falló recientemente a favor de Kalshi y determinó que Nueva Jersey no puede regular su negocio de mercados de predicción, una victoria importante en materia de preeminencia federal. La señal para la industria es clara: al menos en algunos tribunales, no resulta sencillo reencuadrar un mercado supervisado a nivel federal dentro de la regulación estatal del juego. Eso no elimina la incertidumbre. Estados, tribunales y tipos de producto pueden ofrecer interpretaciones distintas. Los riesgos regulatorios no son iguales para contratos deportivos, electorales, vinculados a criptoactivos o a macroeconomía. El reto de fondo consiste en demostrar que operan como mercados financieros y, al mismo tiempo, justificar por qué productos que se parecen mucho a apuestas deportivas o políticas no deberían tratarse como juego. Además, la presión no se limita a licencias. A medida que se amplía el universo de activos negociables, las plataformas se adentran en ámbitos altamente sensibles: deportes, elecciones, guerras, diplomacia o eventos judiciales. Los contratos deportivos chocan con leyes de apuestas; los electorales plantean cuestiones éticas; los ligados a guerras y diplomacia pueden abrir la puerta a problemas de información privilegiada y seguridad nacional. De relato de crecimiento a pulso de cumplimiento Hasta hace poco, el sector vendía una historia de expansión. Polymarket ganó tracción con eventos políticos y cripto; Kalshi amplió su catálogo aprovechando su condición de mercado regulado; Coinbase, Gemini y Robinhood han empezado a explorar este terreno. El relato era nítido: toda incertidumbre futura puede valorarse, negociarse y financiarizarse. Ahora entra en una nueva etapa. Ya no basta con probar que existe demanda; hay que demostrar que operar sobre eventos no equivale a una forma más eficiente de apostar. Ya no basta con defender el valor informativo de los precios; hay que garantizar que insiders, candidatos, deportistas, funcionarios y las propias plataformas no explotarán ventajas informativas. Y, además, hay que resolver el conflicto entre regulación federal, control estatal del juego y protección al consumidor. La oleada de demandas estatales plantea la pregunta de fondo: si se puede apostar sobre deportes, elecciones, guerras, macro y eventos cripto, ¿estamos ante un mercado financiero o ante un casino online? Si la CFTC se impone en la disputa competencial, podría abrirse una vía federal de cumplimiento más clara y acelerar la financiarización del sector. Si los estados ganan en casos clave, la expansión se reconfigurará: cada estado podría imponer límites distintos sobre deportes, elecciones, entretenimiento y política, elevando costes de cumplimiento y fragmentando el mercado. Estados, CFTC, tribunales y plataformas ya han entrado en el tablero. La batalla regulatoria sobre los mercados de predicción acaba de empezar. Contenido relacionado "Stuck Polymarket: The Real Test After the Traffic红利Has Arrived" Autor: Asher