La guerra EE. UU.-Irán sacude el suministro de crudo; Rusia e India salen favorecidas

El 28 de febrero, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques militares contra Irán. Teherán respondió cerrando el estrecho de Ormuz, por donde suelen transitar unos 20 millones de barriles diarios. Tres semanas después, el 23 de marzo, el director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol, afirmó en el National Press Club de Australia que la guerra ha recortado la oferta mundial de petróleo en 11 millones de barriles al día. La cifra supera el impacto combinado del embargo de 1973 y de la Revolución iraní de 1979. Los daños se extienden por Oriente Medio: nueve países han registrado afectaciones de distinta magnitud en más de 40 instalaciones energéticas. En gas, los datos de la AIE para el mismo periodo estiman pérdidas globales de 140.000 millones de metros cúbicos, casi el doble de la merma sufrida por Europa durante el conflicto Rusia-Ucrania (75.000 millones de metros cúbicos). En apenas tres semanas, el golpe cuantitativo sobre los mercados energéticos ya rebasa el de toda la década de 1970. La otra cara de la crisis son los beneficiarios. Ganancia inesperada para Putin Antes del estallido, el crudo Urals cotizaba por debajo de los 60 dólares por barril, un nivel que se mantuvo prácticamente durante tres años por el efecto de las sanciones occidentales. Tras el inicio de la guerra en Ucrania, EE. UU. y Europa impulsaron un tope de precio que llevó al Urals a venderse con un descuento de 30 a 40 dólares frente al Brent, la señal más visible de que el régimen sancionador estaba funcionando. El bloqueo de Ormuz alteró el equilibrio. Con un hueco súbito en el mercado, muchos compradores salieron a buscar alternativas. Según el Center for Research on Energy and Clean Air (CREA), los ingresos rusos por exportaciones de combustibles fósiles en las dos primeras semanas de marzo alcanzaron 7.700 millones de euros, unos 513 millones diarios, un 8,7% más que los 472 millones diarios de febrero. Solo el petróleo aportó una media de 372 millones de euros al día, lo que supone 672 millones de euros adicionales (aproximadamente 777 millones de dólares) en esas dos semanas. En tres semanas, el Urals pasó de menos de 60 dólares a alrededor de 90, una subida cercana al 80%. Según Al Jazeera, el analista George Voloshin apuntó que el Brent también avanzó de unos 65 dólares a más de 110 en el mismo periodo, pero el punto clave fue el estrechamiento del diferencial: el descuento del Urals frente al Brent se redujo con fuerza desde los cerca de 40 dólares previos a la guerra. The Moscow Times informó el 16 de marzo de que el Urals entregado a India llegó a cotizar brevemente con prima sobre el Brent, algo inédito desde la entrada en vigor de las sanciones. En la práctica, una parte sustancial del "muro" económico construido por Occidente en tres años se ha debilitado en tres semanas de guerra. El 12 de marzo, la Administración Trump anunció una exención de sanciones por 30 días que permite a los países comprar petróleo ruso en tránsito. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, dijo que la medida liberaría aproximadamente 140 millones de barriles de oferta. Analistas advierten de que la condición de que no haya un "beneficio financiero significativo" es casi imposible de hacer cumplir. En paralelo, la AIE comunicó la liberación de 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas, la mayor de la historia. La exención expira el 11 de abril, fecha que reintroduce incertidumbre en el mercado. India acelera las compras India es el actor más directo en este reordenamiento. Los datos de CREA señalan que, en las dos primeras semanas de marzo, el país compró combustibles fósiles rusos por 1.300 millones de euros, unos 89 millones diarios, un 48% más que los 60 millones diarios de febrero. Al Jazeera añade que al menos siete petroleros con destino original a China desviaron su ruta hacia India; uno de ellos, el Aqua Titan, llegó a un puerto indio el 21 de marzo. Con el crudo encareciéndose en todo el mundo, el comercio energético entre Moscú y Nueva Delhi gana velocidad. ¿Quién paga la factura? Las pérdidas de oferta y el aumento de ingresos terminan trasladándose al consumidor. En Estados Unidos el impacto es inmediato: según AAA, el precio medio nacional de la gasolina subió un 33%, desde 2,98 dólares antes del conflicto hasta 3,96 dólares el 23 de marzo. California registra 5,56 dólares, mientras Kansas marca el nivel más bajo con 3,23 dólares. El diésel promedia 5,07 dólares, máximo desde 2022. Fortune indicó que este repunte ya se ha comido las devoluciones fiscales que los hogares estadounidenses acababan de recibir. La aviación fue de las primeras en notarlo. Con datos de evaluación de Platts, el precio del combustible de aviación en EE. UU. subió más del 60% en tres semanas y llegó a duplicarse en algunas zonas. United Airlines fue la primera gran aerolínea estadounidense en anunciar oficialmente recortes de capacidad. En una nota interna, su consejero delegado, Scott Kirby, afirmó que la compañía se prepara para un escenario de 175 dólares por barril, lo que elevaría el coste anual de combustible en unos 11.000 millones de dólares, más del doble del beneficio del mejor año de su historia. United reducirá un 5% su capacidad en el tercer y cuarto trimestre. El efecto se extiende. CNBC informó el 21 de marzo de que Delta Air Lines también advirtió de posibles recortes. Euronews señaló que Qantas, Scandinavian Airlines y Thai Airways han subido tarifas, mientras Air New Zealand ha cancelado más de 1.000 vuelos. La economía de plataformas tampoco queda al margen. The Philadelphia Inquirer informó el 23 de marzo de que DoorDash ha empezado a ofrecer a los repartidores subsidios semanales de 5 a 15 dólares y un 10% de devolución en compras de gasolina, ante la caída de pedidos aceptados por el encarecimiento del combustible. Si una plataforma de reparto tiene que asumir parte del coste de una guerra en Oriente Medio, la cadena de transmisión se explica por sí sola. Tres semanas después del inicio de la guerra con Irán, el mundo pierde 11 millones de barriles diarios; Rusia ha ingresado casi 800 millones de dólares más en 15 días; los consumidores estadounidenses pagan un tercio más por el combustible. Con el fin de la exención de sanciones el 11 de abril, esta cadena de efectos apunta a prolongarse.