Una propuesta de hard fork plantea reasignar unas 500.000 monedas vinculadas a Satoshi
Bitcoin vuelve a situarse en el centro de un debate sobre la propiedad de ciertas monedas antiguas, después de que el desarrollador Paul Sztorc planteara un hard fork asociado a BTC ampliamente vinculados a Satoshi Nakamoto. El planteamiento llega en paralelo a otra discusión abierta entre desarrolladores y analistas: si conviene congelar bitcoin inactivos para reducir riesgos futuros derivados de la computación cuántica.
Paul Sztorc, cofundador y consejero delegado de LayerTwo Labs, propone impulsar una cadena separada denominada eCash. El proyecto replicaría el historial de transacciones de Bitcoin, pero modificaría parte del registro correspondiente a monedas minadas en los primeros tiempos. En concreto, el plan reasignaría alrededor de 500.000 monedas vinculadas al patrón denominado "Patoshi". Desde hace años, investigadores asocian ese patrón de minería temprana con Satoshi Nakamoto, aunque la titularidad nunca se ha acreditado de forma concluyente.
Sztorc sostiene que el cambio serviría para respaldar a los primeros inversores del nuevo proyecto antes de su lanzamiento previsto. También afirma que los actuales tenedores de BTC recibirían monedas eCash equivalentes a su saldo de bitcoin en el momento del "snapshot" del fork.
La propuesta no mueve fondos en la cadena principal de Bitcoin. En su lugar, crea una red nueva con un historial modificado. El desarrollador Jameson Lopp describió la iniciativa como un suceso propio de una cadena separada, no como una transferencia directa de BTC.
Para los titulares de bitcoin, el resultado sería mantener sus BTC en la red original si el fork sigue adelante y, además, recibir un saldo equivalente de eCash en la nueva cadena, calculado a partir de sus tenencias en el momento de la captura. La incógnita es cómo valorará el mercado un activo nacido de una cadena que reasigna monedas asociadas a Satoshi. Parte de los inversores podría ignorarlo, mientras otros optarían por venderlo o negociarlo cuando exista mercado.
El precedente de las grandes bifurcaciones ilustra cómo los mercados suelen distinguir entre la red original y las cadenas escindidas. Bitcoin Cash se lanzó en 2017 tras una disputa por el escalado. Ethereum también se dividió en 2016 tras el hackeo de "The DAO", y Ethereum Classic conservó el historial original de transacciones. En el caso de Bitcoin, la red principal solo se vería afectada si el ecosistema adoptara un hard fork que alterase saldos en la propia cadena.
El anuncio de eCash se produce mientras continúa el debate sobre congelar monedas inactivas durante largos periodos para mitigar riesgos cuánticos. Algunas estimaciones sitúan en torno a 5,6 millones de BTC los que permanecen en carteras sin actividad desde hace más de una década. Quienes apoyan medidas defensivas argumentan que la computación cuántica podría, con el tiempo, amenazar firmas criptográficas antiguas y dejar expuestas ciertas monedas si futuras máquinas logran vulnerar protecciones de carteras de primera generación.
Los críticos advierten de que congelar cualquier saldo erosionaría la promesa de propiedad incondicional de Bitcoin. Señalan que parte del atractivo para instituciones radica en que los saldos no pueden modificarse por decisiones de política, presión social o criterios discrecionales.
Una reasignación en una cadena separada no cambiaría el libro mayor de Bitcoin, pero podría intensificar el debate de mercado sobre la oferta vinculada a Satoshi, el valor de los forks y los límites de los cambios impulsados por desarrolladores. En la discusión sobre la congelación, algunos analistas han advertido de que cualquier alteración de saldos en la cadena principal podría provocar un reajuste rápido de precios, y que fondos con mandatos estrictos de propiedad y resistencia a la censura podrían replantearse su exposición si las reglas del protocolo se vuelven flexibles.
El plan de eCash presenta, en principio, menos riesgo directo para Bitcoin porque no exige que los usuarios adopten la nueva cadena. Su valoración dependerá de la aceptación y el soporte que obtenga tras el lanzamiento por parte de usuarios, bolsas, mineros, desarrolladores y, en última instancia, de la liquidez disponible.