Alphabet recupera los 4 billones de dólares de capitalización y entra en el club más exclusivo
Alphabet, matriz de Google, ha vuelto a superar el umbral de los 4 billones de dólares de capitalización bursátil. La acción cerró en 331,86 dólares el día en que rebasó esa cota, lo que convierte a la compañía en la cuarta de la historia en alcanzar ese nivel, junto a Nvidia, Microsoft y Apple.
El valor se disparó un 65% en 2025, impulsado casi por completo por la apuesta agresiva de Alphabet por la inteligencia artificial. Ese impulso se prolongó en 2026 y llevó a la acción a situarse por encima de los 4 billones el 12 de enero. La empresa no mantenía una valoración tan alta desde hacía más de siete años.
En su máximo de principios de julio de 2026, la capitalización de Alphabet llegó a rondar los 4,3 billones de dólares y, durante un breve periodo, fue la segunda mayor cotizada del mundo. A finales de julio, el valor de mercado se había moderado de nuevo hasta aproximadamente 3,9 billones.
El regreso de Alphabet al "club de los 4 billones" refuerza el dominio de las llamadas "Magnificent Seven": Apple, Microsoft, Nvidia, Alphabet, Amazon, Meta y Tesla. La tesis de inversión en IA ha sido el principal catalizador del grupo, aunque el caso de Alphabet destaca por el giro de percepción: durante años se la consideró rezagada en IA. El lanzamiento de ChatGPT a finales de 2022 llegó a hacer que Google pareciera un dinosaurio viendo acercarse el asteroide. En ese contexto, la subida del 65% en 2025 fue, en gran medida, el reconocimiento del mercado de que Google había recortado distancias.
El hito de Alphabet no estuvo asociado a tokens cripto, proyectos de blockchain ni anuncios sobre activos digitales. Aun así, conviene señalar su trabajo en criptografía poscuántica por sus implicaciones para la seguridad de las cadenas de bloques. La computación cuántica plantea una amenaza teórica, pero cada vez más plausible, para las bases criptográficas que sustentan Bitcoin, Ethereum y prácticamente cualquier red blockchain. Google ha sido uno de los actores más agresivos en investigación de computación cuántica, y su avance en estándares de criptografía poscuántica podría acabar influyendo en cómo las redes blockchain actualicen sus modelos de seguridad.