La Fed endurece el tono y deja abierta la puerta a una subida de tipos

Artículo de: Long Yue. Fuente: The Wall Street Journal. Los responsables de la Reserva Federal que hace meses defendían recortes de tipos, incluido el gobernador Christopher Waller, han empezado a admitir que una subida vuelve a estar sobre la mesa. Con ese giro, casi nadie dentro del comité mantiene ya una apuesta clara por rebajar el precio del dinero. The Wall Street Journal publicó recientemente un reportaje en profundidad del veterano Nick Timiraos, justo antes de que el nuevo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, presida su primera reunión de política monetaria. Timiraos, especializado desde hace años en la Fed y seguido de cerca por los mercados como un "portavoz" oficioso, sostiene que Warsh llega en un momento particularmente incómodo. El nuevo presidente había defendido públicamente recortes el año pasado, una postura que le granjeó el apoyo de Donald Trump. Tras su nombramiento oficial, el debate interno habría cambiado de forma silenciosa: de "cuándo recortar" a "si conviene subir". El cambio, según el texto, se apoya en un contexto macro que ha dado la vuelta a los argumentos a favor de recortar. Este año, la inflación en EE. UU. no ha cedido y ha superado el 3%. El mercado laboral ha recuperado vigor. Persisten presiones de oferta vinculadas al auge de la infraestructura de IA y el encarecimiento del petróleo por el conflicto con Irán. En este entorno, los factores que sostenían la expectativa de rebajas de tipos se han ido desvaneciendo. Warsh se enfrenta a un comité que no eligió, a una herramienta de previsión que ha criticado durante años y a una dirección de política que choca con el deseo del presidente que lo nombró. Su estreno, por tanto, se anticipa complejo. La señal más reveladora del viraje es el cambio de tono de Waller. El año pasado, preocupado por un posible debilitamiento del empleo, llegó a votar a favor de un recorte en enero, pese a la oposición de la mayoría. El mes pasado, afirmó que los datos recientes "me han llevado en otra dirección". Respaldó retirar del comunicado el "sesgo acomodaticio" y fue explícito: "Ya no puedo descartar la posibilidad de subir los tipos en algún momento en el futuro". Sobre las conversaciones del mercado acerca de un recorte en septiembre, zanjó: "Como banquero central serio, no se puede hablar en serio de esto". El desplazamiento alcanza también a posiciones más centristas. La gobernadora Lisa Cook seguía defendiendo el mes pasado que mantener los tipos era lo adecuado y que el escenario base contemplaba una desinflación gradual. Añadió, no obstante, una condición inédita en su discurso de hace un año: si la bajada de la inflación "no se materializa a tiempo", estaría "preparada para subir los tipos". El temor de fondo es que cinco años de inflación por encima del objetivo hayan empezado a alterar la formación de precios y la negociación salarial, generando expectativas autorreforzadas. Los halcones del comité llevan tiempo presionando. A finales del año pasado, cuando la Reserva Federal recortó tipos, la presidenta de la Fed de Cleveland, Beth Hammack, la presidenta de la Fed de Dallas, Lorie Logan, y el presidente de la Fed de Minneapolis, Neel Kashkari, se desmarcaron al considerar que el argumento para relajar la política no estaba justificado. En abril, los tres volvieron a coordinarse, esta vez para exigir cambios en el lenguaje del comunicado que sugería que un recorte era "más probable" como siguiente paso. Pedían eliminar esa idea para dejar claro que una subida seguía siendo una opción. Los datos más recientes refuerzan su posición. Hammack dijo este mes que mantener el rumbo actual es razonable, "pero si las tendencias recientes continúan, podría ser necesario actuar pronto". Logan fue más lejos: "Me preocupa cada vez más que puedan ser necesarias subidas de tipos más adelante este año". Varios responsables añadieron además un argumento técnico: si la inflación sube, el tipo real (ajustado por inflación) cae, lo que implica que la política puede ser menos restrictiva de lo que sugieren los tipos nominales. En otras palabras, quedarse quietos puede equivaler, en la práctica, a una postura más acomodaticia. La encrucijada de Warsh se concentra en la reunión de este miércoles. El consenso espera que la Fed mantenga el tipo de referencia sin cambios en el 3,5%–3,75%. La atención se centrará en dos elementos. El primero es el texto del comunicado. Se prevé que desaparezca la expresión "sesgo acomodaticio", vigente desde hace meses y asociada a la idea de que lo siguiente sería un recorte. Suprimirla implicaría que el comité coloca en el mismo plano la probabilidad de una bajada y la de una subida. El segundo es el diagrama de puntos (dot plot) trimestral. En marzo, más de una docena de responsables anticipaban al menos un recorte este año. Ahora se espera que la mayoría apunte a tipos sin cambios durante el ejercicio, y que algunos incluso señalen subidas en el gráfico. Warsh lleva tiempo criticando la dependencia de la Fed de la "orientación a futuro", incluido el dot plot. Podría optar por no presentar sus propias previsiones o por evitar que el comunicado contenga pistas explícitas. Timiraos subraya que esa diferencia operativa cambia poco la lectura del mercado, centrado en el mensaje de fondo. Quien realmente puede prestar atención a esa distinción es el presidente que quiere ver tipos más bajos. El presidente de la Fed de Chicago, Austan Goolsbee, resumió el dilema el mes pasado: "Ahora nos enfrentamos a un problema de inflación bastante serio que está tomando forma, pero el mercado laboral sigue esencialmente estable". El resultado, según la pieza, es claro: casi nadie en el comité defiende ya recortes. El debut de Warsh puede marcar que el siguiente movimiento de la Fed sea una subida de tipos, comunicada mediante herramientas que él mismo ha criticado y por un comité que no eligió, en una dirección de política que sus valedores políticos no buscaban.